Tras ellos, se adentra en la parte serrana de Los Gallardos, próxima a la Sierra de Bédar, donde ofrece una rica simbiosis entre naturaleza y cultura. Por un lado, el peculiar horizonte de lomas, cerros y ramblas que le es característico y que alberga una gran riqueza botánica, con la existencia de no pocos endemismos, incluso mutaciones propias del lugar. Hábitat, también de especies animales en peligro de extinción, como la tortuga mora, y de una saludable fauna cinegética de caza menor. Y por otro lado, la existencia de un pasado minero intenso que ha dejado numerosas huellas en el paisaje: las casas de los guardas, puentes, muros, terraplenes ... No en vano, el sendero minero discurre por el antiguo trazado del ferrocarril que unía Bédar con Garrucha. En el corazón de este espacio montuoso de Los Gallardos, el sendero se convierte en circular, mostrando el contraste que ha dejado en el paisaje el laboreo tradicional, en pequeños bancales o terrazas ganadas a los cerros y a sequía, frente a los invernaderos y los campos verdes de la moderna agricultura intensiva.