Flora autóctona, espartales y albaidas

El esparto y la albaida son los matorrales que dominan el paisaje de la ruta, junto con otras especies de gran valor botánico, capaces de resistir en un ambiente semiárido.

El esparto y la albaida son plantas autóctonas que destacan por su gran resistencia ante la adversidad climática. Son excelentes para evitar la pérdida del suelo a consecuencia de las escorrentías, y proporcionan refugio y alimento a una gran comunidad de insectos y de animales.
De la misma forma, el esparto y la albaida, permiten que prosperen a su lado otras especies de matorral que podrás observar a lo largo de la ruta. Como son distintas variedades de romero y de tomillo, inundando el aire de una fragancia particular, junto con jaras, zahareñas, coscojas, matagallos, aulagas y retamas que tiñen sus tallos de vivos colores en primavera. Entre ellas, sobresalen arbustos y pequeños árboles como son los azufaifos, el aladierno, adelfas, lentiscos y el espino negro, característicos muchos de ellos por sus vistosas flores y el color púrpura de sus vayas.
Estas plantas, además, atesoran una larga historia de servicio a la humanidad. El esparto, por ejemplo, ya se utilizaba en el Neolítico. Con el esparto se fabricaba todo tipo de objetos necesarios para la vida cotidiana y para las labores del campo, objetos que hoy son exclusivas piezas de artesanía popular. Hasta mediados del siglo XX, esta preciada fibra se convirtió en una importante fuente de riqueza en el Levante almeriense, que la exportaba a toneladas desde sus costas.
La albaida es una planta utilizada, igualmente, para múltiples usos. Con la infusión de sus tallos grisáceos y sus hojas carnosas se elaboraban tisanas para combatir problemas respiratorios y estomacales, y se hacían emplastes que curaban llagas y heridas. También con las matas de albaida se fabricaban rudimentarias escobas y se encendían los antiguos y humeantes hornos de leña.

Endemismos de alto valor botánico

Estos singulares parajes son ricos en endemismos como la matamarilla (Helianthemun a/ypoides) o el romerillo de Sorbas (Teucrium turredanum), que crecen en sustratos de yesos, y en niveles que no superan los 650 m de altitud. También es posible encontrar el Tymus hyemalis subsp Millefloris, resultado de una mutación local. Esta rara variedad de tomillo, con delicadas inflorescencias violetas, se encuentra en peligro de extinción.